Hola a todos,
Me gustaría anunciaros que Crónicas de Gaia II: La Senda de la Oscuridad ya se encuentra a la venta en Amazon y estará a un precio reducido los próximos días. Os invito a leerlo, seguro que no os defraudará.
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domingo, 22 de noviembre de 2015
viernes, 11 de septiembre de 2015
Capítulo 1 de La Senda de la Oscuridad
Hola a todos,
Ya falta poco para la publicación de Crónicas de Gaia II: La Senda de la Oscuridad. Hoy os traigo el primer capítulo para que podáis disfrutarlo.
Capítulo 1. El hallazgo.
Los primeros rayos del sol
iluminaban toda la extensa pradera, entregándole así un reflejo accidental,
casi artificial. Una fina capa de hierba fresca cubría todo el horizonte, donde
apenas un par de árboles marchitos desde hacía demasiado tiempo retaban su
uniformidad. A lo lejos se vislumbraba una montaña gigantesca, la única en
muchas millas a la redonda, cuya cumbre no había sido importunada jamás por
ningún ser vivo, o al menos eso era lo que se contaba por los alrededores. Los
habitantes de aquellos lugares la conocían por el nombre de Dar Montol, la
Montaña Maldita, pues aquellos hombres vivían en su mayoría de la agricultura,
la pesca y la caza, y todo lo que careciese de vida era considerado, cuanto
menos, maldito. Cierto es que la vegetación abandona toda montaña alcanzada una
altura, pero no solo esto se daba en Dar Montol, ya que nada, ni la más pequeña
brizna de hierba o el insecto más diminuto, cubría sus laderas y se decía que
todo ser que osaba poner un pie en ella perecía al instante entre fuertes
convulsiones.
En aquella pradera dos personas
caminaban unidas de la mano, entrelazando sus dedos entre sí. Unos dedos
colmados de arrugas y magulladuras causadas por años de duro trabajo. Aunque
aquello parecía no importarles, como demostraban las risas que brotaban de sus
pechos en aquellos momentos. Sus vecinos los consideraban casi ancianos, ya que
se acercaban demasiado a la cincuentena. Habían envejecido, era cierto, y sin
embargo, sus vidas habían pasado raudas desde que se conocieran el uno al otro,
casi tanto como lo hacían las estrellas que caían del cielo en algunas noches y
que los sacerdotes, en su infinita ignorancia, consideraban augurios. Ambos
avanzaban sin rumbo aparente mientras hablaban de asuntos sin importancia que
poco tardarían en olvidar ante lo que estaba a punto de ocurrir.
Magde fue la primera en
percibirlo. Apenas era una nota que duró un suspiro, tan débil que a la mayoría
le habría pasado desapercibida, pero que a ella le había recordado al gemido
quejicoso de un animal, o quizás, aunque no podía estar segura de ello, si es
que pudiera decirse que estaba segura de algo en aquellos instantes, a un
llanto.
-¿Has
oído eso? –preguntó Magde, incapaz de asegurar si lo que había creído
escuchar era real o un mero producto de su dilatada imaginación.
-¿El qué? –quiso saber Bren, su
esposo, a la vez que aguzaba el oído tratando de percibir aquello de lo que
hablaba su mujer.
Magde se llevó el dedo índice a
los labios para evitar que su marido volviese a hablar. Apenas un instante
después, aquel sonido se volvió a repetir, aunque esta vez con mayor
intensidad. Todo rastro de duda la abandonó por completo al instante.
-Ven. ¡Deprisa! ¡Suena por ahí! –dijo
ella apuntando al árbol más próximo.
Magde apretó con fuerza la mano
de Bren y se dirigió al lugar del que procedía aquel sonido quejicoso. Al
principio lo hizo despacio, aunque conforme se aproximaba, sus piernas se
movían a mayor velocidad haciendo que su pecho pronto le ardiese con fuerza y
jadease cuando hubo llegado a aquel lugar. Sus extremidades olvidaron su
función al instante y Magde cayó al suelo de rodillas, aunque esto no podía
atribuírsele a la carrera, sino a la mezcla de incredulidad y emoción que la
invadía por completo en aquel momento. Extendió las manos temblorosas hacia
aquello que parecía un bulto envuelto en gruesas pieles. Antes de que las
desenvolviese ya estaba segura de lo que se trataba, lo cierto era que lo había
sabido desde el momento en el que oyó el primer llanto, aunque entonces no
fuese consciente de ello. Más bien parecía ser fruto de un sueño, y quizás lo
más afortunado habría sido que lo fuese.
-¡Un niño! –exclamó Bren sin dar
crédito a lo que veían sus ojos.
-Sí, es un niño –confirmó Magde
en un hilo de voz a la vez que las lágrimas recorrían su anciano rostro.
-Pero, ¿quién lo habrá dejado aquí?
–preguntó Bren entrecerrando los ojos y escudriñando el horizonte, incapaz de
creer que la madre de aquella criatura no se encontrase en aquel lugar junto a
su bebé.
-Ha sido Men. Él ha escuchado
nuestras plegarias y nos lo ha otorgado al fin.
-No, no
puede ser, Magde –Bren se negaba a creer aquello. -Su madre debe de estar por
los alrededores, o quizás lo hayan abandonado.
-¿Por qué te niegas a creerlo?
¿Es que no lo ves? Éste es el hijo por el que hemos estado implorando en
nuestras oraciones durante tanto tiempo.
-Puede que sea cierto –cedió
Bren al cabo de un momento -No parece haber nadie cerca. Lo mejor será que lo
llevemos a la aldea y busquemos algo de comida. Puede que la causa de su llanto
sea el hambre.
Bren acercó
su dedo índice a aquel bebé, quien lo agarró con fuerza y se lo introdujo en la
boca. Como si de una poción creada por algún curandero se tratase, el bebé
tornó su llanto en una risita débil que formó dos hoyuelos en su delicado y
diminuto rostro. El corazón de Bren se encogió lleno de regocijo por el regalo
que su dios, pues ya no negaba el aura divina que envolvía a todo aquel
acontecimiento, le había concedido.
-Lo llamaremos Melguin, el
Bendecido –anunció Bren con la voz llena de emoción.
Magde asintió satisfecha a la
vez que se prometió que cada día rezaría a Men y le haría ofrendas el día del Caer.
Madge retiró el dedo de su esposo de la boca del bebé con suavidad y lo volvió
a arropar bien con las pieles, dejando tan solo la cabeza al descubierto. Era
primavera y la temperatura era cálida, pero no quería que su hijo enfermase.
Aún era demasiado pequeño y no sabían con certeza si
se encontraba en buen estado de salud, aunque a simple vista parecía estarlo.
Verenton
era una aldea formada por tres decenas de casas de una sola planta
fabricadas con adobe, una masa compuesta de una mezcla de arena, arcilla y
paja. Ninguna de ellas tenía un aspecto lujoso, de hecho, ninguna constaba de
más de dos habitaciones, y eso era en el mejor de los casos. Sus techos estaban
formados por tablones de madera sobre los que se colocaban montones de paja y
hojas de palmera resecas. En el centro de la aldea se encontraba el único
edificio fabricado en piedra, el cual constaba de dos plantas. Los primeros
hombres que poblaron Verenton habían ayudado a su construcción, que tardó al
menos quinientos días en estar completa. El templo de la aldea era el lugar al
que los aldeanos acudían para rezar a Men, su dios. A ninguna persona se le
permitía dormir en aquella edificación sagrada a excepción de Bledos, la
Mano de Dios, un anciano sacerdote de sesenta y tres años de quien se decía
que poseía el don de la visión futura, un don concedido por Men cuando la
ceguera recayó sobre sus cansados ojos. Aunque también había en la aldea
quienes afirmaban que la causa de que Bledos sucumbiese a la ceguera fue
precisamente este don, ya que cuando los ojos de Bledos observaron el destino
de la humanidad, su mente se negó a contemplar las sombras falsas que poblaban
el mundo y lo llevarían a su destrucción. Desde aquello solo encontraba
consuelo cuando Men le enviaba alguna visión futura de regocijo, algo que cada
vez sucedía con menor frecuencia.
Bren y Magde habían ido a
visitar a Bledos en numerosas ocasiones, esperando que Men les enviase una
respuesta a su deseo de concebir un hijo. Pero Bledos siempre había dicho que
el dios de la luz se había negado a otorgarle esa visión.
-Es extraño, Magde –le había
dicho Bledos–. Men siempre responde a mis plegarias concediendo mis peticiones
o con visiones relacionadas con éstas. He rezado por que tengáis un hijo más
que por nada, pero nunca considera oportuno responderme a mí, su humilde
servidor.
-¿Qué puede significar eso,
Bledos? –había preguntado Magde, toda inquietud.
-Si Men os concede un hijo, éste
estará destinado a hacer grandes cosas. Cosas como no se han visto desde el
principio de los tiempos, cosas que ni yo mismo he alcanzado a ver y que
podrían cambiar el curso del destino para siempre.
Esas palabras las había
pronunciado Bledos hacía ya casi dos décadas y Bren y Magde las habían olvidado
hacía ya mucho tiempo, creyendo que Men había declinado sus ruegos. Pero éstas
volvieron a acudir a la mente de Magde al acercarse a los límites de Verenton y
la hicieron estremecerse, deseando que aquel bebé al que habían decidido poner
por nombre Melguin obrase el bien. Ella se prometió que le daría una buena
educación para ello y siempre le recriminaría las malas acciones. De ese modo
se aseguraría de que siguiese el camino correcto por la senda de Men.
En la aldea había una actividad
inmensa aquel día. Muchos hombres volvían de trabajar las tierras y portaban
sacos llenos de frutos y raíces, mientras que otros traían redes cargadas de
peces que venderían al día siguiente en el mercado. Una de las ventajas de
Verenton era que estaba rodeada de tierra fértil y el mar se encontraba a una
milla escasa a pie. Era el enclave perfecto, y aun así sus habitantes debían
tener cuidado y racionar la comida para sobrevivir, dado que los impuestos que
debían pagar a la ciudad de Delfas eran demasiado elevados para la mayoría.
En cuanto aquellas personas
vieron que Magde llevaba un bebé acunado entre sus delgados brazos, todos
abandonaron sus conversaciones y actividades y se acercaron a ver aquel
prodigio, preguntándose si no les estarían engañando sus ojos.
-Éste es nuestro hijo, Melguin, el
Bendecido. Ha sido voluntad de Men
que lo encontrásemos para salvar su vida –anunció Magde, evitando de
forma deliberada exponer cómo y dónde habían hallado al bebé.
-Es precioso, Magde –afirmó Lin
con sinceridad. Ella era una de las mejores amigas de Magde en Verenton, aunque
fuese veinte años menor que ella.
-Sí que lo es –confirmó Magde,
llena de orgullo mientras mecía a Melguin con cariño.
-Dejadme paso –anunció una voz
débil pero llena de autoridad que hizo que todos se apartasen de su camino al
instante. Era Bledos, quien se aproximaba con paso tranquilo mientras se
apoyaba en su cayado al andar–. Quiero ver al niño.
-Tú no puedes ver nada, estás ciego
–se burló uno de los chicos más jóvenes de la aldea.
Bledos volvió sus ojos vacíos de
calor hacia aquella criatura, quien interpuso sus manos entre aquella mirada y
su rostro, como si la visión de Bledos lo hiriese o asustase y sus diminutas
extremidades sirviesen de algo.
-Men es misericordioso con los
estúpidos. Enmienda tu camino antes de que te conduzca a la oscuridad.
Reflexiona sobre lo que le has dicho hoy al siervo de Men. ¡Márchate ahora y
avergüénzate! –el niño no pudo más que huir hacia su casa lo más rápido que sus
cortas piernas se lo permitieron a la vez que trastabillaba en un par de
ocasiones antes de desaparecer de la vista de todos. Hacía tiempo que no se
recordaba un hecho así, el pueblo profesaba gran respeto por Bledos y más desde
lo que había ocurrido hacía unos años. Una prostituta que pasaba por la aldea
se había acercado a Bledos y le había insinuado que le gustaría sentir dentro
de ella el poder de dios. Al día siguiente la mujer se revolvía entre fuertes
fiebres y temblores. Murió en una quincena, incapaz de hablar durante los últimos
días de su enfermedad.
-Magde –llamó Bledos. Su voz no
mostraba alegría alguna, tampoco enojo –. Entrégame al niño, quiero sostenerlo
entre mis brazos.
Magde dudó un instante, momento
en el que apretó al bebé contra su pecho, como si temiese que el anciano fuese
a robarle lo que Men le había concedido después de tantos años de espera y
plegarias. Bren apoyó su mano en el hombro de su esposa, mostrándole su apoyo
para que confiase en Bledos, quien nunca les había dado motivos para lo
contrario. Madge se acercó con lentitud y duda hacia donde estaba el sacerdote
y le entregó a Melguin con extremo cuidado mientras le temblaban las callosas
manos.
Bledos
acunó al niño entre sus brazos con cuidado a la vez que lo miraba con
aquellos ojos carentes de visión. Al principio Melguin se mostró curioso y algo
reticente ante la imagen del sacerdote, pero pronto se acostumbró a él y alzó
sus manitas juguetonas hacia su rostro, como si de alguna forma le resultase
familiar.
-De modo que ésta es la voluntad
de Men –murmuró Bledos antes de volverse hacia su pueblo, que esperaba
expectante su opinión –. Así sea, no pondré objeción alguna a ello. Yo os
presento a Melguin –anunció mientras alzaba al niño a la vista de todos los
presentes –, a partir de hoy nadie dudará de que es hijo de Bren y Magde, y
aunque no haya salido del vientre de ella ni él haya puesto el fruto, no es por
ello menos hijo suyo que cualquiera de los vuestros. Yo, Bledos, siervo de Men,
he hablado.
-Que su luz sea eterna y guíe
nuestro camino –recitaron todos al unísono con solemnidad.
Tras eso, Bledos devolvió a
Melguin a su madre y se marchó de vuelta al templo con el paso más
inconsistente de lo que era habitual en él. Magde y Bren también se marcharon,
deseosos de alimentar a Melguin, quien había vuelto a llorar cuando el
sacerdote apartó sus manos de él.
La
cabaña donde Bren y Magde vivían apenas constaba de una mesa situada en
el centro de la estancia y rodeada de tres tocones que hacían las veces de
asientos. A la izquierda se encontraba una cama compuesta de un colchón relleno
de paja sobre el que se encontraba una manta de piel de oso que había tenido
que ser remendada con piel de cabra en varias ocasiones. En la esquina frente a
la cama Bren guardaba una caja que contenía las herramientas que usaba para
tallar y lijar la madera y que necesitaba en su trabajo como carpintero. Magde,
por su parte, se encargaba de las tareas del hogar. Por las mañanas iba al
mercado de la aldea y regateaba con los pescadores y los agricultores el precio
de sus productos. Ocasionalmente compraba carne y, cuando lo hacía, ésta solía
ser de cabra vieja o de burro, pues no podían permitirse nada mejor.
Magde colocó a Melguin sobre la
mesa y le retiró las mantas que lo envolvían. El bebé no paraba de mirar con
ojos atentos a su alrededor, como si evaluase aquel lugar.
Lamento no poder ofrecerte
nada mejor que lo que ves –pensó Magde con tristeza.
Melguin pareció leer sus
pensamientos, pues volvió la cabeza hacia ella y le sonrió con dulzura, como si
pretendiese restarle importancia a aquello.
-Bren, ¿cómo lo alimentaremos? –preguntó
Magde, llena de preocupación. Melguin era demasiado pequeño como para comer
nada sólido y sabían por la experiencia de otras primerizas que debían tener
cuidado con el alimento del bebé durante los primeros años de edad. Si no, el
resultado podría llegar a ser mortal.
-¿Tienes un trapo por ahí?
Procura que esté lo más limpio posible.
Magde asintió y se acercó a un
viejo armario que había heredado de su madre y en el que guardaba las escasas
posesiones que le pertenecían. Allí, al fondo del armario, había un vestido que
apenas había tocado su piel en un par de ocasiones. Se podía considerar lujoso,
o al menos, ella se permitía hacerlo. Bren había pagado un Dragar de plata por
él, demasiado dinero para una familia como aquella, pero su esposo había
insistido en comprárselo por su cumpleaños hacía ya dos años, y aunque pensó
que Magde nunca descubriría su valor, ésta se las apañó para hacerlo. Era su
posesión más preciada, sin embargo, no dudó un instante en arrancarle un pedazo
de tela, ya que se trataba de su prenda más limpia. En cualquier otra ocasión
aquello habría sido como arrancar una parte de su alma, pero no aquel día, no a
partir de entonces. Todo lo anterior había perdido su valor, nada material
volvería a merecer ser llamado hermoso o valioso desde aquel día. Si podía
decir algo con seguridad era que al fin había alcanzado lo que pocos logran, la
ilusión, para ella más que real, de la felicidad.
Magde le acercó el trozo de tela
a su marido, quien lo enrolló antes de hundirlo en un recipiente que contenía
leche de cabra. Cuando éste estuvo bien empapado lo sacó y lo acercó a la boca
del bebé, quien succionó el líquido con ansia, como si llevase días sin probar
nada.
Bren volvió a repetir aquel
proceso varias veces hasta que consideró que el bebé ya había tomado
suficiente. Un exceso de alimento podía llegar a ser tan perjudicial como la
falta de él.
Tras eso, Magde cogió al bebé y
lo acunó entre sus brazos mientras entonaba una vieja melodía que hacía tiempo
que creía olvidada. Melguin no tardó en quedarse dormido ante la dulce voz de
Magde, quien lo llevó hasta su cama y lo colocó sobre el colchón tras haber
retirado la manta que una vez, hacía demasiado tiempo ya, había sido de piel de
oso.
-Parece un ángel –dijo Bren,
quien se había acercado a ella para observar de cerca cómo dormía Melguin.
-Es un ángel.
-Sí –concedió Bren regalándole
un fuerte beso a ella –. Serás la mejor madre que jamás se haya visto en Gaia.
-Eso espero, Bren. Eso espero –musitó
ella.
Allí permaneció Magde,
observando dormir a Melguin mientras entrelazaba sus manos con las de su esposo
y el mundo enmudecía a su alrededor, o si no lo había hecho, sus palabras
tenían tan poco sentido como las de un demente. Puede incluso que nunca lo
hubiesen tenido y no se hubiesen percatado de ello hasta aquel mismo momento.
La verdad había dejado de ser relativa para adquirir forma visible en Melguin,
la forma de un niño inocente enviado por Men.
lunes, 31 de agosto de 2015
Herman Emerson
Con sumo cuidado volvió a colocar aquel libro que tantas
veces había leído y que creía que sería capaz de recitar casi de memoria si lo
hubiese intentando, aunque Herman Emerson hacía tiempo que había dejado de
probarse a sí mismo. Ahora Walden volvía
a ocupar su sitio junto a Leviathan.
Siempre había considerado a Henry David Thoreau y a Paul Auster como los
grandes escritores de su país. Vivía en América, la tierra de la libertad como
lo llamaban algunos, y, aun así, pensó mirando la Estatua de la Libertad desde
la ventana, sentía ser el esclavo de sí mismo, el hombre recluido en su propio
ser. Herman Emerson había dejado de ser un hombre libre.
Era cierto que sus ventanas carecían de barrotes, que podía
entrar y salir siempre que quisiese, pero América había dejado de tener sentido
para él. Thoreau había muerto hacía demasiado tiempo, el significado había
dejado de ser publicado en tinta y papel. Él mismo había sido escritor aunque
jamás había considerado sus trabajos lo bastante buenos como para ser
publicados, o más bien, no creía que la sociedad donde vivía fuese capaz de
comprender lo que sus palabras trataban de expresar. Incapaz de destruir el
fruto de miles de horas sus borradores llenaban cajas y cajas que había tratado
de esconder bajo la cama, pero había veces que podía sentir cómo sus personajes
lo condenaban por haber tratado de excluirlos de la realidad.
Pero no había tal cosa como la realidad, pensó Herman
cruzando el salón para prepararse el desayuno, y su problema había sido la realización
de esa cruel verdad. Había dejado de creer en la democracia y el gobierno. Los
partidos que defendían sus ideales habían dejado de existir o no los
consideraba adecuados para la tarea de gobernar. En cierta forma había elegido
una forma de vivir parecida a la de Thoreau. Había matices, era cierto, lo más
cercano a un lago era la fuente del parque y hacía semanas que había dejado de
funcionar y a nadie parecía haberle preocupado. Sus árboles eran de acero y
ladrillo, el canto de los pájaros había sido sustituido por el claxon y los
insultos de conductores apresurados. Pero Herman sentía que había conseguido el
fin último de su ídolo, había llegado a un conocimiento de sí mismo del que
pocos podían presumir. Creía saber cómo actuaría en cada momento y las
opiniones que tenía sobre casi todo lo que surgiese. Pero una parte de él
sentía que todo aquello se vería trastocado si abandonaba la seguridad y se
adentraba en lo desconocido. Puede que ese hubiese sido uno de los motivos por
los que había elegido su reclusión, por la seguridad de la certeza frente a la
incertidumbre de lo desconocido.
Había estado casado hacía tiempo, pero su mujer había muerto
de cáncer de estómago y desde entonces había reducido su interacción con el
otro género hasta el mínimo. Sabía que nadie podría suplir el lugar que Mary
había dejado y prefería evitar el engaño, la ilusión de la felicidad. Sus
libros le proporcionaban el interés que creía necesitar y eso le parecía ser
suficiente.
Tras desayunar se encendió un cigarrillo y mientras veía
cómo el humo desaparecía en el aire, pensó en su juventud. Había estudiado
literatura en Nueva York y aunque tras graduarse trabajó un tiempo en
California, unos años más tarde abandonó el país para residir unos años en
Londres. La posibilidad de que le obligasen a alistarse en la guerra de Vietnam
era demasiado alta y a las noches sin dormir se le había sumado las mañanas
vomitando el desayuno mientras pensaba en la posibilidad de ver sus vísceras
esparcidas por el suelo junto a otros estadounidenses.
-Siempre he sido un cobarde. –se dijo recordando aquellos
días. Tomó una nueva bocanada y sintió cómo el humo acariciaba su garganta.
La ironía de todo aquello era que había escrito varias
novelas sobre Julio César y había llegado a admirar la mente de ese hombre.
Había sido un dictador, era cierto, y Herman era todo menos partidario de los
gobiernos totalitarios, como demostraba su lectura casi anual de 1984 de George Orwell. A pesar de todo, las victorias
logradas en la Galia y contra Pompeyo mostraban sus enormes cualidades como
estratega. O al menos eso era lo que afirmaban los libros de Historia, pero
Herman sabía bien lo que era la Historia, tan solo un discurso más, una
narrativa donde todo quedaba en la suspensión de la incredulidad, en la
supresión del quizás por parte del lector. Pero Herman era un hombre atípico y
para él todo residía en la posibilidad. El significado estaba fuera de la
humanidad, pensó. Ese era un punto donde se separaba de Thoreau. Ese y su
negativa a creer en la existencia de Dios. Consideraba a la religión como otra
narrativa, como una fuente catártica para aquellos que no aceptaban la
posibilidad de que no eran más que la suma de casualidades destinadas a
dilatarse algún día.
Sin ser del todo consciente de sus actos abrió la puerta de
su casa y la cerró tras de sí sin saber si llevaba la llave consigo. Una vez
hubo salido a la calle alzó el brazo para parar un taxi que lo llevó dos
avenidas más allá. Tras pagar lo que el conductor le pedía se fundió con la
multitud que parecía seguir un patrón específico que ocultaba cualquier idea de
azar. Herman Emerson decidió seguir a uno de aquellos individuos. Era una
muchacha joven, de cabellos oscuros y sonrisa fácil. Iba sola y Herman no veía
ningún motivo para que sonriese continuamente. Unos minutos después tomó un
desvío a la derecha y entró en un local para luego desaparecer. Él permaneció
unos instantes en la entrada, dudando sobre si debía continuar aquella locura o
si por el contrario debía volver a la seguridad de su frío y familiar piso.
Cualquier duda se desvaneció cuando observó que se trataba de una librería.
Herman se sentía seguro en las librerías, así que decidió entrar. Había perdido
el rastro de aquella joven pero pronto se perdió entre la inmensidad de las
estanterías llenas de títulos que nunca había leído. Cogió uno al azar y al
abrirlo se encontró con algo extraño: aquella página estaba en blanco. Pasó una
hoja tras otra y el resultado fue el mismo. Debía de tratarse de un error de
imprenta, pensó aunque Herman jamás había visto algo así.
Sacó el bolígrafo que siempre llevaba consigo en el bolsillo
de su camisa y comenzó a escribir. Rellenó una página y pasó a la siguiente.
Apenas fue consciente de que estaba escribiendo el comienzo de una novela
cuando una voz hizo que alzase la vista.
-¿No te gustaba la historia y la estás cambiando? –preguntó la
misma muchacha que había estado siguiendo minutos antes. Sus labios y sus ojos sonreían
de forma abierta. Herman le devolvió la sonrisa y cerró el libro.
Aquí es donde la historia de Herman Emerson llega al momento
presente y todo lo demás entra en el terreno de lo posible, pero me gusta pensar
que Herman continuará hablando con aquella joven y que juntos llegarán a ser
algo más que completos desconocidos. Herman tiene ante sí la opción de la
felicidad y espero que le tienda una mano que ha escondido durante demasiado
tiempo y se aferre a ella con todas sus fuerzas. Me gusta creer que se alzará
cada vez más alto para no volver a caer jamás.
jueves, 6 de agosto de 2015
Fecha de publicación de Crónicas de Gaia II
Hola a todos,
Me complace anunciaros que en estos momentos me encuentro finalizando mi segunda novela, Crónicas de Gaia II. El título será La Senda de la Oscuridad y la fecha de publicación (siempre provisional) será a comienzos del 2016 (cruzo los dedos para que sea así). Espero que de aquí a un mes termine el final de la novela y a partir de ahí comenzará un largo proceso de corrección de lo ya escrito, donde tendré que leer cientos de veces cada línea para tratar de pulir este libro hasta el extremo.
Una vez considere que el texto es merecedor de ser leído, se lo entregaré a varios lectores para que lo lean y me den su opinión sobre él. Durante este tiempo espero llevar a cabo la confección de la portada y publicaré algunos capítulos en este mismo blog.
Han sido casi dos largos años de escritura y me atrevería a decir (aunque aún es pronto) que superará a la primera parte de Crónicas de Gaia.
Un saludo y gracias por amar la literatura.
Me complace anunciaros que en estos momentos me encuentro finalizando mi segunda novela, Crónicas de Gaia II. El título será La Senda de la Oscuridad y la fecha de publicación (siempre provisional) será a comienzos del 2016 (cruzo los dedos para que sea así). Espero que de aquí a un mes termine el final de la novela y a partir de ahí comenzará un largo proceso de corrección de lo ya escrito, donde tendré que leer cientos de veces cada línea para tratar de pulir este libro hasta el extremo.
Una vez considere que el texto es merecedor de ser leído, se lo entregaré a varios lectores para que lo lean y me den su opinión sobre él. Durante este tiempo espero llevar a cabo la confección de la portada y publicaré algunos capítulos en este mismo blog.
Han sido casi dos largos años de escritura y me atrevería a decir (aunque aún es pronto) que superará a la primera parte de Crónicas de Gaia.
Un saludo y gracias por amar la literatura.
domingo, 26 de julio de 2015
Reseña de Leviatán de Paul Auster
Hola a todos,
Hoy os traigo la reseña de un libro que he terminado recientemente. Se trata de Leviatán de Paul Auster. Tras haber leído La Trilogía de Nueva York no pensé que ninguna novela de Paul Auster pudiese gustarme más que esta pero Leviatán la iguala o puede que hasta la supere.
Este libro nos narra la historia de Sachs, un escritor estadounidense, desde el punto de vista de su mejor amigo (también escritor). En cuanto comenzamos a leer la novela descubrimos que Sachs ha muerto al explotar una bomba que él mismo había construido, por lo que en cierta forma ya sabemos cómo acabará la vida de uno de los protagonistas. Sin embargo, en las novelas de Paul Auster el final es lo menos importante y es en el camino, en las páginas y páginas que componen Leviatán donde el lector se sumerge en el mundo de Auster. Particularmente disfruté muchísimo las primeras 100 páginas de la novela por ser casi un manual perfecto del Posmodernismo, donde la realidad no es sino mera apariencia, la identidad una ilusión difusa. El resto de la novela se centra algo menos en la cuestión de la identidad y la realidad para centrarse más en la historia en sí.
Una curiosidad sobre Paul Auster. He leído cuatro libros de este autor y todas sus novelas comparten ciertas características:
Hoy os traigo la reseña de un libro que he terminado recientemente. Se trata de Leviatán de Paul Auster. Tras haber leído La Trilogía de Nueva York no pensé que ninguna novela de Paul Auster pudiese gustarme más que esta pero Leviatán la iguala o puede que hasta la supere.
Este libro nos narra la historia de Sachs, un escritor estadounidense, desde el punto de vista de su mejor amigo (también escritor). En cuanto comenzamos a leer la novela descubrimos que Sachs ha muerto al explotar una bomba que él mismo había construido, por lo que en cierta forma ya sabemos cómo acabará la vida de uno de los protagonistas. Sin embargo, en las novelas de Paul Auster el final es lo menos importante y es en el camino, en las páginas y páginas que componen Leviatán donde el lector se sumerge en el mundo de Auster. Particularmente disfruté muchísimo las primeras 100 páginas de la novela por ser casi un manual perfecto del Posmodernismo, donde la realidad no es sino mera apariencia, la identidad una ilusión difusa. El resto de la novela se centra algo menos en la cuestión de la identidad y la realidad para centrarse más en la historia en sí.
Una curiosidad sobre Paul Auster. He leído cuatro libros de este autor y todas sus novelas comparten ciertas características:
- El protagonista o uno de los personajes principales es escritor
- Los protagonistas han estado en Francia o tienen alguna relación con este país
- Se trata el tema de la identidad, alteridad y realidad.
- Hay relaciones de amor tortuosas
- Se nombra el béisbol de una manera u otra
Un saludo a todos y gracias por leer mi blog.
jueves, 23 de julio de 2015
Literatura de consumo
Hola a todos,
La semana pasada estuve de viaje por Bélgica visitando ciudades tan emblemáticas como Bruselas, Gante o Brujas. En mi viaje por estas ciudades me encontré con diversas librerías que (como escritor y lector insaciable) no dudé en visitar. Durante mi particular viaje por estos universos de papel no pude sino llevar a cabo un cierto "experimento" donde me dediqué a preguntar por un autor tan importante como Paul Auster. Es cierto que no esperaba encontrar los libros de este más que reconocido escritor en las estanterías de la librería del aeropuerto (donde sí que pude encontrar varias copias del nuevo libro de Cincuentas Sombras de Grey, lo cual me produjo una mueca de dolor bastante desagradable). Sin embargo, en las 5 o 6 librerías que visité muchos de los libreros no sabían quién era Paul Auster hasta que escribían su nombre en el ordenador para luego llevarme al rincón más recóndito del local donde sus libros aparecían anónimos, fundidos junto a los otros. No pude evitar la sensación de sentir que me encontraba en un cementerio literario.
Vivimos en una sociedad donde no es extraño encontrarse a alguien leyendo el célebre Grey mientras la literatura de verdad sufre sin remedio. ¿Cuál es la razón para que un libro que la gente no deja de reconocer como malo triunfe? Creo que la respuesta está en el impulso de la sociedad, en la necesidad de sentir que pertenecemos ésta y si para ello tenemos que leer la última novedad por horrorosa que sea, lo hacemos sin dudar. Para mí la literatura es algo más que un cigarrillo que consumes mientras esperas al autobús para luego tirarlo y tanto como lector como escritor seguiré manteniendo mi visión sobre la literatura y lo que representa.
Un saludo y gracias.
La semana pasada estuve de viaje por Bélgica visitando ciudades tan emblemáticas como Bruselas, Gante o Brujas. En mi viaje por estas ciudades me encontré con diversas librerías que (como escritor y lector insaciable) no dudé en visitar. Durante mi particular viaje por estos universos de papel no pude sino llevar a cabo un cierto "experimento" donde me dediqué a preguntar por un autor tan importante como Paul Auster. Es cierto que no esperaba encontrar los libros de este más que reconocido escritor en las estanterías de la librería del aeropuerto (donde sí que pude encontrar varias copias del nuevo libro de Cincuentas Sombras de Grey, lo cual me produjo una mueca de dolor bastante desagradable). Sin embargo, en las 5 o 6 librerías que visité muchos de los libreros no sabían quién era Paul Auster hasta que escribían su nombre en el ordenador para luego llevarme al rincón más recóndito del local donde sus libros aparecían anónimos, fundidos junto a los otros. No pude evitar la sensación de sentir que me encontraba en un cementerio literario.
Vivimos en una sociedad donde no es extraño encontrarse a alguien leyendo el célebre Grey mientras la literatura de verdad sufre sin remedio. ¿Cuál es la razón para que un libro que la gente no deja de reconocer como malo triunfe? Creo que la respuesta está en el impulso de la sociedad, en la necesidad de sentir que pertenecemos ésta y si para ello tenemos que leer la última novedad por horrorosa que sea, lo hacemos sin dudar. Para mí la literatura es algo más que un cigarrillo que consumes mientras esperas al autobús para luego tirarlo y tanto como lector como escritor seguiré manteniendo mi visión sobre la literatura y lo que representa.
Un saludo y gracias.
jueves, 16 de julio de 2015
Noticias frescas
Hola a todos,
Llevo tiempo sin publicar en el blog y es que estos últimos meses han sido frenéticos. Tengo que deciros que ya soy oficialmente Graduado en Filología Inglesa tras 4 años de mucho estudio y dedicación que al fin han dado sus frutos.
En cuanto a mis libros quisiera informaros de que hace poco publiqué A Collection of Critical Essays. Os dejo la descripción del libro:
Postmodern Ghosts: A Postmodern Analysis of Paul Auster´s Ghosts In this essay we analyze Ghosts, the second book of The New York Trilogy, from a Postmodern perspective. This book was written by the American writer Paul Auster. In this essay we focus on the ideas of simulacra, hyperreality and reality and how they apply to this novel. We also discuss how the idea of Metafiction is present here and why this can be considered to be a metafictional novel.
Opening the Locked Room: A Psychoanalytical Study of True Detective´s Character Rustin Cohle This essay presents a deep analysis of Rustin Cohle, the main character of the HBO´s TV show True Detective. Rustin Cohle is a detective who has to investigate the case of a murdered woman whose corpse appears in a strange position the day of his daughter´s birthday. He is a lonely person who has a pessimistic vision of life. He is a reflexive character who considers himself a realistic person, but in philosophical terms he is conscious that he is a pessimistic person due to his vision of life and reality. We provide an analysis of his behaviour, his way of looking at reality and his psyche (or as he called it, his locked room) from a psychoanalytic point of view. To do so we use the Psychoanalytical theories provided by Freud and the recent research based on Trauma Theory.
Echoes of Transcendentalism in North-American Contemporary Literature: An Analysis of The Name of the Wind and The New York Trilogy This essay compares two novels, The Name of the Wind and The New York Trilogy, in relation with Transcendentalism, the well-known American literary and philosophical movement from the 19th century. It is going to be interesting to see how these two contemporary novels which apparently are different in style and content can be related through the ideas of Transcendentalism. These novels are different not only in their categories (The Name of the Wind is a fantasy novel and The New York Trilogy is a literary masterpiece, which borrows from the genre of detective novels) but also they are supposed to have a different audience (The Name of the Wind may be considered to be addressed to a more popular audience and The New York Trilogy to a more cultivated audience). With this essay we also want to prove that Transcendentalism continues to influence contemporary writers, both highbrow and lowbrow.
A Question of Gender Roles in Apollonius of Tyre and Le Morte Darthur In this essay we analyze and compare Apollonius of Tyre and Sir Thomas Malory´s “The Poisoned Apple”, included inside Le Morte Darthur, from a gender perspective. We also discuss how male and female characters behave in relation to their roles as heroes, kings, queens or princesses. Apollonius of Tyre is a popular romance which is thought to be based on the Latin Historia Apollonii Regis, whose origin is probably Greek. This story has been popular throughout history, particularly in the Middle Ages and the Renaissance. La Morte Darthur is a compilation of stories about King Arthur and the Knights of the Round Table. This romance was written by Sir Thomas Malory and published by William Caxton in 1485. “The Poisoned Apple” is one of the stories that can be found inside La Morte Darthur and it is included inside the book 7, also known as the book of Sir Launcelot and Queen Guinevere.
Hear my word of power, for I´m not a mere maiden: A Feminist and Racial Analysis of Tolkien´s Of Beren and Lúthien This essay presents an analysis of the chapter “Of Beren and Lúthien”, included in The Silmarillion. This book was published by Tolkien´s son Christopher Tolkien in 1977, four years after his father´s death. We analyze this chapter from a gender and racial perspective in order to present how the roles of Beren and Lúthien work in this story.
La portada:
Y el enlace al libro:
http://www.amazon.com/Collection-Critical-Detective-Silmarillion-Trilogy-ebook/dp/B010OSYIS2/ref=la_B00IWB8H6I_1_3?s=books&ie=UTF8&qid=1437081464&sr=1-3
Además, he lanzado una segunda edición de mi ensayo más popular, el cual deja de llamarse The Transcendentalism of Kvothe para pasar a ser Echoes of Transcendentalism in North-American Contemporary Literature. Os dejo el enlace: http://www.amazon.com/Transcendentalism-North-American-Contemporary-Literature-Trilogy-ebook/dp/B00IK3W304/ref=la_B00IWB8H6I_1_4?s=books&ie=UTF8&qid=1437081464&sr=1-4
Por último, os traigo información sobre la segunda parte de Crónicas de Gaia. En los próximos días superará en longitud a la primera parte de la saga pero aún queda mucho por hacer y sigo sin poner fecha de publicación para el libro (lo siento por aquellos que esperan la segunda parte de forma impaciente). Un saludo y muchas gracias a todos.
Postmodern Ghosts: A Postmodern Analysis of Paul Auster´s Ghosts In this essay we analyze Ghosts, the second book of The New York Trilogy, from a Postmodern perspective. This book was written by the American writer Paul Auster. In this essay we focus on the ideas of simulacra, hyperreality and reality and how they apply to this novel. We also discuss how the idea of Metafiction is present here and why this can be considered to be a metafictional novel.
Opening the Locked Room: A Psychoanalytical Study of True Detective´s Character Rustin Cohle This essay presents a deep analysis of Rustin Cohle, the main character of the HBO´s TV show True Detective. Rustin Cohle is a detective who has to investigate the case of a murdered woman whose corpse appears in a strange position the day of his daughter´s birthday. He is a lonely person who has a pessimistic vision of life. He is a reflexive character who considers himself a realistic person, but in philosophical terms he is conscious that he is a pessimistic person due to his vision of life and reality. We provide an analysis of his behaviour, his way of looking at reality and his psyche (or as he called it, his locked room) from a psychoanalytic point of view. To do so we use the Psychoanalytical theories provided by Freud and the recent research based on Trauma Theory.
Echoes of Transcendentalism in North-American Contemporary Literature: An Analysis of The Name of the Wind and The New York Trilogy This essay compares two novels, The Name of the Wind and The New York Trilogy, in relation with Transcendentalism, the well-known American literary and philosophical movement from the 19th century. It is going to be interesting to see how these two contemporary novels which apparently are different in style and content can be related through the ideas of Transcendentalism. These novels are different not only in their categories (The Name of the Wind is a fantasy novel and The New York Trilogy is a literary masterpiece, which borrows from the genre of detective novels) but also they are supposed to have a different audience (The Name of the Wind may be considered to be addressed to a more popular audience and The New York Trilogy to a more cultivated audience). With this essay we also want to prove that Transcendentalism continues to influence contemporary writers, both highbrow and lowbrow.
A Question of Gender Roles in Apollonius of Tyre and Le Morte Darthur In this essay we analyze and compare Apollonius of Tyre and Sir Thomas Malory´s “The Poisoned Apple”, included inside Le Morte Darthur, from a gender perspective. We also discuss how male and female characters behave in relation to their roles as heroes, kings, queens or princesses. Apollonius of Tyre is a popular romance which is thought to be based on the Latin Historia Apollonii Regis, whose origin is probably Greek. This story has been popular throughout history, particularly in the Middle Ages and the Renaissance. La Morte Darthur is a compilation of stories about King Arthur and the Knights of the Round Table. This romance was written by Sir Thomas Malory and published by William Caxton in 1485. “The Poisoned Apple” is one of the stories that can be found inside La Morte Darthur and it is included inside the book 7, also known as the book of Sir Launcelot and Queen Guinevere.
Hear my word of power, for I´m not a mere maiden: A Feminist and Racial Analysis of Tolkien´s Of Beren and Lúthien This essay presents an analysis of the chapter “Of Beren and Lúthien”, included in The Silmarillion. This book was published by Tolkien´s son Christopher Tolkien in 1977, four years after his father´s death. We analyze this chapter from a gender and racial perspective in order to present how the roles of Beren and Lúthien work in this story.
La portada:
Y el enlace al libro:
http://www.amazon.com/Collection-Critical-Detective-Silmarillion-Trilogy-ebook/dp/B010OSYIS2/ref=la_B00IWB8H6I_1_3?s=books&ie=UTF8&qid=1437081464&sr=1-3
Además, he lanzado una segunda edición de mi ensayo más popular, el cual deja de llamarse The Transcendentalism of Kvothe para pasar a ser Echoes of Transcendentalism in North-American Contemporary Literature. Os dejo el enlace: http://www.amazon.com/Transcendentalism-North-American-Contemporary-Literature-Trilogy-ebook/dp/B00IK3W304/ref=la_B00IWB8H6I_1_4?s=books&ie=UTF8&qid=1437081464&sr=1-4
Por último, os traigo información sobre la segunda parte de Crónicas de Gaia. En los próximos días superará en longitud a la primera parte de la saga pero aún queda mucho por hacer y sigo sin poner fecha de publicación para el libro (lo siento por aquellos que esperan la segunda parte de forma impaciente). Un saludo y muchas gracias a todos.
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